El juego es imprescindible para el niño. No debemos interrumpir ni dirigir su actividad. Observar y validar su juego es suficiente. Pero si en algún momento hay que terminar, debemos avisar con tiempo para que el niño pueda planificar cómo termina su juego. De esta manera, no sólo respetamos su actividad sino que ayudamos a sus funciones ejecutivas de planificación, organización y autocontrol.
Cuantas veces cortamos su juego, pensando que no es importante y que sólo está pasando el rato. Sin embargo, la concentración y la creatividad son máximas en esos momentos. Al tomar conciencia de la importancia de su actividad, podemos mirar y admirar sus gestos, sus manos, sus miradas. Sólo así nos daremos cuenta del verdadero valor del juego para el niño y será más fácil, casi imprescindible, respetar y valorar su «trabajo». Porque jugar es el principal trabajo del niño.








